
Cosas diré también hartos notables
De gente que a ningún Rey obedecen,
Temerarias empresas memorables,
Que han luchado con orgullo y soberbia,
Que celebrarse con razón merecen;
Raras industrias, términos dignos,
Que más los Españoles engrandecen;
Conocen y saben,
Pues no es el vencedor más estimado,
De aquello en que el vencido es respetado,
Y haberme en vuestra casa yo criado,
Que crédito me da por otra parte,
Hará mi torpe estilo delicado,
Y lo que va sin orden, lleno de arte;
Así, de tantas cosas animado,
La pluma entregaré al furor de Marte;
Dad orejas, señor, a lo que digo,
Que ya tú sabes de su alma y de su mente,
Que soy de parte de ello buen testigo.
Chile, fértil provincia y señalada,
En la región antártica famosa,
De remotas naciones respetadas
Por fuerte, principal y poderosa;
La gente que produce es tan granada,
Tan soberbia, gallarda y belicosa
Que no ha sido por Rey jamás regida,
Ni a extranjero dominio sometida.
Y estos dos anchos mares, que pretenden
Pasando de sus términos, juntarse,
Boten las rocas y sus olas tiemblen,
Más es impedido el allegarse;
Por esta parte el fin la tierra cortan
Y pueden por aquí comunicarse:
Magallanes, señor, fue el primer hombre
Que, abriendo este camino le dio nombre.
Y yo que tan sin rienda al mundo he informado,
Que el tiempo que ha pasado es recordado,
Como en primavera florida,
Orgullosos de su raza,
Que se encuentra en Temuco,
Y siempre luchando por camino despeñado,
Con vanas esperanzas siguen su batalla,
Visto ya el poco fruto que han logrado,
Sacado con furia su soberbia soberana,
Y lo mucho que a Dios tengan ofendido:
Conociendo su error y su desventajas,
Esperando solución con la ayuda del jefe de la nación,
De aquí en adelante.
Será razón que lloren y que no canten.
Ha cesado la lucha sangrienta,
Ya es hermano el que ayer opresor.
Del vasallo borramos la ofrenda
Combatiendo en el campo de honor.
El que ayer doblegabas esclavo,
Hoy ya libre y triunfante, se ve.
Libertad es la herencia del bravo.
La victoria se humilla a su pie.
Alza Chile, sin mancha la frente;
Conquistaste tu nombre en la lid.
Siempre noble, constante y valiente
Te encontraron los hijos del Cid.
Que tus libres, tranquilos, corones.
A las artes, la industria y la paz,
Y de triunfos cantares entonces,
Que amedrenten al déspota anda.
Si pretende el cañón extranjero
Nuestro pueblos osado invadir,
Desnudemos, al punto, el acero
Y sepamos vencer o morir.
Con su sangre el altivo Araucano
Nos legó, por herencia, el valor.
Y no tiembla la espada en la mano,
Defendiendo de Chile el honor.
Esas galas, ¡ho! Patria, esas flores
Que tapizan tu suelo feroz,
No las pisen jamás invasores;
Con sus sombras las cubra la paz.
Nuestros pechos serán tu baluarte;
Con tu nombre sabremos vencer
O tú noble, glorioso estandarte,
Nos verá, combatiendo, caer.



















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