donde se fue el alma de jesus antes de subir al cielo...

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EL ALMA DE JESUS BAJA AL LIMBO

 

Las palabras del credo: Descendió a los infiernos.

La perseverancia, prenda de éxito en las empresas.

                          En el instante en que Jesús expiró, su alma se desprendió de su  cuerpo, pero tanto el alma como el cuerpo quedaron siempre unidos estrechamente con la divinidad. Era el alma y el cuerpo de Dios.

                         El cuerpo, envuelto en un blanco sudario ungido con bálsamos preciosos, fue colocado en el sepulcro nuevo, cavado en la roca. Y entretanto, ¿Qué hizo el alma divina de Jesús?

                         En un lugar misterioso, desconocido de los hombres, estaban reunidas desde los más remotos siglos, las almas de todos los justos que creído, amado y esperado en el futuro Redentor y que, mediante esas virtudes, habían alcanzado el perdón de todas sus culpas tenían derecho al cielo, pero no podían entrar en él hasta que lo abriese y entrase primero Jesucristo. Este  lugar en que las almas esperaban el triunfo del Redentor, se llamaba infierno o lugar inferior y también Limbo de los Santos Padres, pero era completamente distinto del infierno de los condenados.

                           Allí estaban nuestros  primeros padres, Adán y Eva, que así como fueron los primeros en la culpa, fueron también los primeros en la fe y esperanza en el Redentor prometido. Allí estaban los antiguos patriarcas, que tan fieles fueron en el servicio de Dios: Abraham, que mereció ser llamado padre de los creyentes y cabeza del pueblo escogido, Isaac, que llevando en sus hombros la leña del sacrificio, representó a Jesús cuando marchaba con la cruz hacia el Calvario, Jacob, que mereció de su padre aquellas bendiciones que simbolizan las que nos vendría del cielo por medio del Redentor. Allí estaban aquellos santos profetas, que habían predicado la fe en el Mesías y que habían confirmado esa misma fe con el testimonio de su sangre, muriendo unos apedreados, otros aserrados y otros con muertes no menos gloriosas. Allí, finalmente, estaban los últimos justos que habían partidos en vida de Jesús: San Juan Bautista, el precursor, Simeón, el profeta de los dolores de María, San José, el padre adoptivo del Salvador.

                                En este triste lugar esperaban con ansias que llegara el día venturoso en que pudieran ver la gloria del Redentor. Como David, parecían decir: Así como el siervo sediento desea la fuente de las aguas, así desea mi alma a ti, Dios mío.

                                Fueron   mis lágrimas pan de día y de noche, Mientras dicen a mi alma: ¿Adónde está tu Dios?

                                Llegó, finalmente, esa hora deseada. El alma de Jesús, revestida de toda la hermosura y esplendor de la Divinidad, voló de la cruz al Limbo y al penetrar en esa cárcel sombría, la dejó convertida en un paraíso.

                                Todos corren a su encuentro, llenos de la más viva alegría y le presentan el homenaje de su amor y de su gratitud. ¡Cómo se postran a sus pies para aclamarlo  como Rey y como libertador!¡Cómo resuena aquel  lugar con vítores y aplausos de jubilo! ¡Cómo se extasían contemplando el alma gloriosísima de Jesús.

                                 Entretanto, el señor los bendice, los llena de inefable contento y los invita para que asistan a la resurrección de su sagrado cuerpo y entren después en la mansión gloriosa del cielo.

         

ENSEÑANZA RELIGIOSA : Las palabras del Credo: Descendió a los infiernos.

                                                   No quiso el señor demorarse en recompensar a aquellos justos, que habían esperado en él  y que desde tantos siglos aguardaban su venida. Por eso muere, su alma baja a esa región obscura llamada el Limbo de los Padres e infierno, para regocijar a sus moradores y llevarles la feliz nueva de su próxima entrada en el cielo. Pero ese lugar nada tiene que ver con el infierno donde padecen eternamente los condenados.                    

                                                    Cuando en el Credo decimos que el Señor murió en la cruz y  al tercer día resucito de entre los muertos y se encuentra a la derecha del padre todopoderoso, los que amamos a nuestro Dios como así mismo, tenemos la certeza que se encuentra entre nosotros, pues resucitó de entre los muertos y podemos sentir su espíritu y dejarnos acariciar por la dulzura de su   alma, con fe y mucho amor. Además Jesús se llevo consigo las almas de todos aquellos santos que lo esperaban para subir al cielo junto a él.

 Limbo: Se entiende que  es un lugar donde las almas se encontraban retenidas sin sufrir dolor y gozaban con la esperanza de que pronto serían trasladadas a la gloria del cielo.

 

ENSEÑANZA MORAL : La perseverancia, prenda de éxito en las empresas.

                                               Leemos en los Santos Libros: El que perseverara hasta el fin, éste alcanzará la salvación. No está lo principal en comenzar bien, sino en terminar bien. La inconstancia, la largueza, la volubilidad, son la ruina de  todas nuestras empresas.

                                               Nadie jamás en el mundo fue tan constante en su vida como Jesús. Sólo el pudo exclamar al tiempo de morir: Todo está consumado, es decir, he cumplido en todas sus partes y hasta en los menores detalles la misión que mi padre me había encargado.

                                               Este ejemplo de Jesús debe animarnos a proseguir sin desaliento en las buenas obras, que emprendamos y particularmente en la primera de todas, que es la obra de nuestra santificación.

 

APLICACIÓN PRACTICA : Luchemos con constancia toda nuestra vida contra la tentación y el pecado para alcanzar el premio del cielo que nos mereció Jesús con su muerte en la cruz.

  

 

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