La verdad esta en Dios...

LA PAJA EN EL OJO AJENO...

“¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano”

Estas palabras de Jesús tienen una especial resonancia para nosotros, hoy. Todos, sin excepción, tenemos mucho qué aprender de ellas. Todos, sin excepción, tenemos que escucharlas, meditarlas en nuestro corazón, y ponerlas en práctica en nuestra vida de cada día.

Jesús nos conoce bien. Sabe perfectamente cuáles son nuestras mayores debilidades en el campo de las relaciones con los demás, y quiere que trabajemos intensamente para superarlas, porque son perjudiciales para nosotros en todos los sentidos.

Es evidente. Los seres humanos, hombres y mujeres de toda clase y condición, tenemos una inclinación malsana y persistente, a criticar a los otros. Vemos con mucha facilidad, tal vez más de la que quisiéramos, los defectos y las malas acciones que quienes están a nuestro alrededor tienen y realizan, y ello nos lleva a criticarlos – en nuestro corazón y de viva voz -, por una razón o por otra, la mayoría de las veces con gran dureza.

Olvidamos por completo que también nosotros tenemos defectos, y que nuestras fallas pueden ser incluso más graves que las de quienes criticamos. Entonces nos erigimos en jueces que juzgan y condenan sin piedad a todo el que se nos pone delante, a la vez que nos hacemos “los de la vista gorda” con nuestra propia conducta, o buscamos el modo de justificarla para que sea aceptada sin más.

Jesús nos invita con insistencia, en este y en otros pasajes del Evangelio, a revisar lo que estamos haciendo en este aspecto de nuestra vida, y a corregir con prontitud lo que no esté de acuerdo con lo que él nos enseña, no sólo por lo que esta manera de actuar implica de irrespeto al otro, a quien generalmente sólo conocemos en apariencia, sino también y sobre todo, por lo dañina que es para nosotros mismos, pues mientras fijamos nuestra atención en el otro, para escudriñar, sin ningún derecho, su modo de ser y de obrar, estamos descuidando severamente nuestra propio actuar, en el que, muy posiblemente, hay cosas peores, acciones y actitudes más negativas y más perjudiciales, que las que criticamos.

Criticar a los demás, por una razón o por otra, en un sentido o en otro, es fácil, muy fácil. No exige mayor esfuerzo de nuestra parte, y siempre habrá para nosotros un motivo que lo “justifique”, una razón que lo respalde, al menos en apariencia. Pero la vida cristiana auténtica, el seguimiento fiel de Jesús como discípulos suyos, no busca lo que es fácil o lo que nos queda cómodo, sino lo que es bueno, lo que se ajusta a la voluntad de Dios, que nos ama a todos como hijos y quiere que vivamos como verdaderos hermanos, en el amor y el respeto mutuos.

Examinemos nuestra conciencia teniendo en cuenta esta enseñanza de Jesús, y esforcémonos por hacerla realidad en nuestra vida cotidiana, en todas nuestras relaciones con los demás. Traerá mucha paz a nuestro espíritu, y nos permitirá ser acogidos con gusto por quienes nos rodean, que nunca se sentirán amenazados por una actitud prepotente y soberbia de parte nuestra...


EL HIPOCRITA...

Muchas veces tratamos de estar en paz con todos los que nos rodean, pero por mucho que intentemos llevarnos bien con todos, no crear conflictos y provocar problemas, siempre hay alguien de nuestro entorno que habla mal de nosotros.


Pero eso no te debe preocupar, siempre habrá a quien no le gusta como somos, no te vuelvas una persona triste o abatida por ese tipo de amistades, deja pasar el tiempo que es el mejor juez y verás que las cosas caerán por su peso.

Un hipócrita puede ser una imitación muy perfecta de un cristiano. Profesa conocer a Dios, hablar con El, dedicarse a su servicio. Invoca su protección, practica la oración, o por lo menos lo finge; sin embargo, la moneda falsa, más hábilmente hecha, falla en alguna cosa y puede ser descubierta por ciertas señales.

Hipócrita proviene de la palabra griega hypokrites y se refiere a alguien que actúa o finge. Era costumbre de los actores griegos y romanos cubrir sus rostros con grandes máscaras y hablar con aparatos mecánicos para aumentar la fuerza de su voz. Estos actores, que escondían sus verdaderos rostros y cambiaban sus verdaderas voces, eran llamados hypokrites o "hipócritas".

"¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano."

Nuestro Señor usa esta enseñanza, para mostrar la absurda inconsecuencia de este comportamiento. El término "hipocresía", con el cual, ataca esta conducta, consiste en fingir sentimientos y cualidades que realmente no se experimentan. Es así, que el hipócrita pretende tener un "celo santo" y una "actitud compasiva", mientras permite faltas peores y pecados sin el deseo de ser corregidos. Dice también que está preocupado por el estado de su hermano, aunque la realidad, es que está contento de haberle descubierto en algo incorrecto.

Esto trasladado al trabajo suele ser muy similar, el hipócrita pretende tener un "interés profesional" y una "actitud compasiva", mientras se permite faltas peores y errores sin el deseo de ser corregidos, se endiosa a si mismo, solo él o solo ella, pueden. Dice también que está preocupado por sus compañeros, aunque la realidad, es que está contento de haberles descubierto en algo incorrecto y lo que es peor son muchas veces las incorrecciones inventadas en la mente del hipócrita.

"Sólo el que se juzga celosa y severamente a sí mismo es competente para reprender a otros. Estas personas no sólo serán tardas para asumir el cargo como censuradoras de sus vecinos, sino que, cuando sean enfrentadas a hacerlo, lo harán con moderación, no exageradamente; con amor, no con severidad".

El Señor hace un llamado claro de "quitar la viga", es decir, no podemos quedarnos con esa actitud pecaminosa, debe ser eliminada de nuestro carácter, eso permitirá que podamos ser de verdadera ayuda a otros. Este proceso puede ser molesto y doloroso, pero necesario.

Jesús dice que no debemos entregar cosas santas a personas impuras o impías. Es pérdida de tiempo tratar de enseñar conceptos santos a personas que no quieren escuchar y que despreciarán lo que digamos. No debemos dejar de predicar la Palabra de Dios a los que no creen, pero debemos ser sabios y discernir qué enseñar y a quién para no desperdiciar nuestro tiempo. Generalmente el hermano hipócrita, se escuda en el hecho de ser cristiano...


ORACION A DIOS EN SU MISERICORDIA...
 Señor, dame las fuerzas necesarias para dar un mayor ejemplo y testimonio de vida, tal como Tú quieres que sea. Dame humildad para reconocer mis faltas y disculpar las de mis hermanos, pero también concédeme ayudarlos a corregirse con un corazón puro que busca sólo su bien.


 Dios mío, concédeme ser humilde, porque sin humildad puedo creerme mayor que los demás, olvidándome por completo de que yo también tengo mis faltas.


 La corrección fraterna es una obra de misericordia. Ninguno de nosotros se ve bien a sí mismo, nadie ve bien sus faltas. Por eso, es un acto de amor, para complementarnos unos a otros, para ayudarnos a vernos mejor, a corregirnos. Pienso que precisamente una de las funciones de la colegialidad es la de ayudarnos, también en el sentido del imperativo anterior, a conocer las lagunas que nosotros mismos no queremos ver -"ab occultis meis munda me", dice el Salmo―, a ayudarnos a abrirnos y a ver estas cosas.
Naturalmente, esta gran obra de misericordia, ayudarnos unos a otros para que cada uno pueda recuperar realmente su integridad, para que vuelva a funcionar como instrumento de Dios, exige mucha humildad y mucho amor. Sólo si viene de un corazón humilde, que no se pone por encima del otro, que no se cree mejor que el otro, sino sólo humilde instrumento para ayudarse recíprocamente. Sólo si se siente esta profunda y verdadera humildad, si se siente que estas palabras vienen del amor común, del afecto colegial en el que queremos juntos servir a Dios, podemos ayudarnos en este sentido con un gran acto de amor. 

 Para estar de acuerdo con lo que el Evangelio nos quiere transmitir, tenemos que revisar nuestro interior y ver qué es lo que no nos ayuda y sacarlo de nosotros. Dios nos permite que corrijamos a nuestros hermanos y que les dejemos algo bueno de lo que Dios nos dice por medio de su palabra.
Jesús no nos prohíbe corregir, siempre y cuando actuemos con un corazón amante y sencillo que busca ayudar a los demás. Corregir se convierte en una obra de misericordia, cuando el otro entiende por nuestros gestos y palabras, que le hacemos la observación por su propio bien, y no por demostrarle nuestra superioridad.


 Antes de corregir a alguien, reflexionaré para ver con qué intención lo estoy haciendo.


 Señor, dame las fuerzas necesarias para poder dar lo mejor de mí. Que todos mis actos sean para tu gloria. Concédeme ser coherente con mi misión y que con mi buen ejemplo pueda irradiarte a los a demás.


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