EL QUE DA...SIEMPRE RECIBE....

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EL SEMBRADOR….

 

En el campo del mundo, tú eres el sembrador.

No puedes huir de la responsabilidad.

No digas que el suelo es áspero, que llueve frecuentemente,

que el sol quema o que la semilla no sirve.

No es tú función juzgar la tierra y el tiempo.

Tú misión es sembrar.

 

¡La semilla es abundante! Un pensamiento, una sonrisa,

una promesa de aliento, un apretón de manos, un consejo,

un poco de agua, son semillas que germinan fácilmente, pero....

NO siembres descuidadamente como quien cumple una misión desagradable....

¡¡siembra con interés, con amor, con atención, como quien

encuentra en eso la razón de su felicidad !!

 

Y al sembrar no pienses, ¿Cuánto me darán? ¿Cuánto tardará la cosecha?.

Recuerda que no siembras para enriquecer aguardando las ganancias multiplicadas;

siembras porque no puedes estar inactivo, porque no puedes vivir sin dar,

porque no puedes servir a Dios sin servir a los demás !!!

 

Eres dueño de tí mismo, de la vida y del Universo.

Tú semilla no caerá en el vacío, sin esperar recompensa,

recibirás compensación, sin esperar riquezas,

enriquecerás; sin pensar en cosecha, tus bienes se multiplicarán.

Y todo porque siembras en un reino donde dar es recibir,

donde perder la vida es encontrarla, donde gastar sirviendo es cimentar.

 

Siembra siempre en todo terreno, siembra siempre con amor,

con interés, como si estuvieras sembrando el propio corazón !!

 

 

 

 

UNA MUJER..

 

Había una vez una mujer, que vivía haciendo cosas para la Iglesia del barrio. Si no estaba limpiando los jarrones de la capilla, estaba haciendo empanadas para que se vendieran los domingos, o sacando brillo a los candelabros. Cierto día, se le apareció un ángel, y le dijo que, en recompensa por su dedicación a las cosas de Dios, El mismo en persona iba a ir a cenar esa noche en su casa.

La mujer se llenó de emoción y corrió a su casa a preparar todo para el gran evento. Inmediatamente se puso manos a la obra, a planchar su mejor vestido para recibir al invitado de lujo. En eso estaba cuando sonó el timbre. Al acudir a la puerta, halló a una mujer muy pobremente vestida que le pedía algo de ropa que no usase. "Perdone señora, pero estoy haciendo un trabajo para alguien muy importante. Vuelva otro día". 

Más tarde, comenzó a preparar la comida. Tenía que ser una cena de lujo. En eso estaba cuando otra vez volvió a sonar el timbre. Esta vez era un niño con cara de hambre que le pedía algo para comer. "Hoy no puedo darte nada, porque estoy cocinando para el mismo Dios que viene a visitarme. Vení otro día".

Así pasó rápidamente el día, hasta que por fin llegó la hora de la cena. La mujer, nerviosa, vio como pasaban los minutos y las horas, y el invitado no llegaba. Pronto se hizo tarde, el pollo se enfrió, el vestido se volvió a arrugar, pero Dios ni se dignó aparecer, y la mujer, frustrada y decepcionada se fue a dormir. Tanta era su desilusión que ni siquiera quiso rezar antes de acostarse.

A la mañana siguiente, se le apareció el mismo ángel y le dijo: "Me manda a preguntarte mi Señor que por qué no rezaste anoche, que extrañó tu oración diaria". "¿Cómo se atreve a reclamarme Dios por no haber rezado si El me dejó plantada con mi mejor vestido y con un riquísimo pollo en la mesa?", exclamó molesta la mujer. A lo que el ángel le respondió: "Dios no falló a la cita. Es más, vino dos veces, pero tú le dijiste que estabas muy ocupada para atenderlo, y que volviera otro día".



MI NOMBRE ES AMOR…

 Cuando las horas de desaliento te invadan el alma, y las lágrimas afloren en tus ojos, búscame: YO SOY AQUÉL que sabe consolarte y pronto detiene tus lágrimas.

    Cuando desaparezca tu ánimo para luchar en las dificultades de la vida, o sientas que estas pronto a desfallecer, llámame: YO SOY LA FUERZA capaz de remover las piedras de tu camino y sobreponerte a las adversidades del mundo.

    Cuando, sin clemencia, te encontraras sin donde reclinar tu cabeza, corre junto a mi: YO SOY EL REFUGIO, en cuyo seno encontrarás guarida para tu cuerpo y tranquilidad para tu espíritu.

    Cuando te falte la calma, en momentos de gran aflicción, y te consideres incapaz de conservar la serenidad de espíritu, invócame: YO SOY LA PACIENCIA que te ayudará a vencer las dificultades más dolorosas y triunfar en las situaciones más difíciles.

    Cuando te debatas en los misterios de la vida y tengas el alma golpeada por los obstáculos del camino, grita por mí: YO SOY EL BÁLSAMO que cicatrizará tus heridas y aliviará tus padecimientos.

    Cuando el mundo sólo te haga falsas promesas y creas que ya nadie puede inspirarte confianza, ven a mí: YO SOY LA SINCERIDAD, que sabe corresponder a la franqueza de tus actitudes y a la nobleza de tus ideas.

    Cuando la tristeza o la melancolía intenten albergarse en tu corazón, clama por mí: YO SOY LA ALEGRÍA que te infunde un aliento nuevo y te hará conocer los encantos de tu mundo interior.

    Cuando, uno a uno, se destruyan tus ideales más bellos y te sientas desesperado, apela a mí: YO SOY LA ESPERANZA que te robustece la Fe.

    Cuando la impiedad te revele las faltas y la dureza del corazón humano, aclámame: YO SOY EL PERDÓN, que te levanta el ánimo y promueve la rehabilitación de tu alma.

    Cuando dudes de todo, hasta de tus propias convicciones, y el escepticismo te aborde el alma, recurre a mí: YO SOY LA FE que te inunda de luz y de entendimiento para que alcances la FELICIDAD.

    Cuando ya nadie te tienda una mano tierna y sincera y te desilusiones de los sentimientos de tus semejantes, aproxímate a mí: YO SOY LA RENUNCIA que te enseñará a entender la ingratitud de los hombres y la incomprensión del mundo.

     Y cuando al fin, quieras saber quién soy, pregúntale al río que murmura, al pájaro que canta, a las estrellas que titilan. YO SOY LA DINÁMICA DE LA VIDA, Y LA ARMONÍA DE LA NATURALEZA.

     ME LLAMO AMOR. SOY EL REMEDIO PARA TODOS LOS MALES QUE ATORMENTEN TU ESPÍRITU. Ven a mí... que yo te llevaré a las serenas mansiones del infinito... bajo las luces brillantes de la eternidad... 

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