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¿VALE LA PENA VIVIR LA VIDA?
“Si se pudiera proteger a los acantilados de las tormentas, nunca podría admirarse la belleza de sus quebradas”
Elizabet Kübler
Muchas veces hemos sentido que la vida no vale la pena vivirla. En un caso extremo, escuché en la radio a una mujer que decía: “No quiero tener hijos, porque solo se viene a este mundo a sufrir. Y quiero ahorrarles ese sufrimiento”.
Pero… ¿Realmente la vida es así? ¿O nosotros la hacemos así?
Lo que realmente te hace sufrir, no es la vida en sí… son tus expectativas respecto a cómo debería ser el mundo o cómo debería actuar tal persona.
Por ejemplo, cuando te enojas con tu pareja porque no llegó a tiempo o no te expresa su amor como a ti te gustaría que lo hiciera.
Entonces, lo que te daña no es tu pareja… son tus pensamientos y emociones con respecto a como debería actuar tu pareja, de acuerdo a la etiqueta del hombre o mujer perfecto que tienes.
Si sufres porque la vida es cruel… es porque tienes un concepto equivocado de lo que realmente es. Crees que en la vida todo debería ser felicidad.
Imagínate que piensas que un bosque debe ser con puras rosas, ríos limpios, venados corriendo, un sol reluciente y una suave lluvia.
Pero cuando vas a uno ¡Oh sorpresa! También hay insectos, serpientes… y la lluvia ¡es un diluvio!
Imagínate sufriendo porque lo encontraste así y diciéndote “No vale la pena estar en un bosque, es horrible: serpientes, bichos ¡que horror!” ¿No tiene sentido verdad?
En el fondo sabes que así es un bosque. No como tú pensabas que era. Lo que puedes hacer, es estar alerta contra las serpientes. También, cubrirte para que la lluvia no te moje.
Y disfrutar las rosas que veas y los venados.
Simplemente aceptas la naturaleza como es y no te lamentas. Te adaptas a ella.
En la vida, es igual. Cuando la vemos como un paquete completo, en el que hay amor, muerte, instantes imborrables y fracasos dolorosos, la aceptas como es.
A partir de esa aceptación, puedes adaptarte a ella. Pregúntate que capacidad dormida en ti, necesita salir a flote cuando te enfrentes a un nuevo desafío.
Por ejemplo, yo de niño no sabía bailar salsa. La necesidad de gustarle a las niñas me hizo aprender ¡Ahora he llegado hasta dar clases de baile!
Me daba miedo hablar en público. Era muy tímido. La necesidad y las circunstancias me obligaron ha hablar en público ¡Ahora soy conferencista! Imagínate cuantas capacidades dormidas en mí, se han despertado por la necesidad.
Siempre pregúntate ¿Qué capacidades dormidas en mi tienen que salir a flote con este desafío?
El dolor y las derrotas son una gran oportunidad para replantearnos como estamos viviendo la vida. Te confieso que acostumbro caminar cerca de los bosques, lejos de la gente, cuando las tormentas de la vida hacen que se me pongan las cosas difíciles.
Anclarme dentro del ruido cotidiano cerca de la naturaleza, dándome un breve espacio para reflexionar acerca de mis desafíos actuales y replantearme nuevas metas, ha sido invaluable para mi.
Si no, ya me habría vuelto loco.
Te recomiendo que hagas lo mismo. Busca un espacio diario de reflexión.
Todos somos producto de nuestras reacciones ante los retos. Somos hermosas quebradas hechas por las tormentas de la vida.
“Un guerrero acepta su suerte, sea cual sea, y la acepta con total humildad. Se acepta a sí mismo con humildad, tal como es; no como base para lamentarse, sino como un desafío vital”
Juan Castaneda
Tus circunstancias acéptalas como son, y pregúntate “¿Qué puedo hacer al respecto?” Te sorprenderá como a mí lo sencillo que es solucionar un problema, una vez que dejes de pensar en el y te enfoques en resolverlo.
Generalmente, las mejores oportunidades de nuestra vida, vienen disfrazadas de problemas.
No importa cuales sean estos. Siempre existe una solución.
Así que ¡ha disfrutar la vida se ha dicho!
Suerte…
¿CUÁL ES EL SENTIDO DE LA VIDA?
Quizás tú sientes que el dinero, el poder, o encontrar a tu pareja puede ser el sentido de tu vida.
O quizás buscas el sentido de tu vida en las opiniones y en la búsqueda de aprobación de tus amigos, tus padres, etc., pero siempre acabas sintiéndote igual: con una sensación interior de desesperanza y vacío.
Pero lo más interesante, es que el sentido de tu vida lo sientes, por primera vez, cuando sufres un gran estremecimiento emocional o está en peligro tu vida.
Es, en esos momentos, cuando todo aparece tan claro como si, después de una tarde con neblina, esta se disipara y apareciera el sol, reluciente, ante tus sorprendidos ojos.
¿Haz hecho alguna vez el experimento de visualizarte en tu propio funeral? ¿De imaginarte el recuerdo que deseas dejar en tus amigos y tu familia?
Si no lo has hecho… imagínate por un instante, que hay una tumba, que estás asistiendo a un funeral… y que abres la tapa, para ver a la persona que está dentro… ¡y para tu sorpresa… ¡eres tú mismo!
Es tu propio funeral.
¿Por qué deseas que te recuerden las personas que están asistiendo a tu funeral?... piensa por un instante…
Ahora, ¿Qué te hubiera gustado haber logrado? ¿Haber experimentado?... piensa por unos instantes…
Para mi, resultó curioso que en lo que yo imaginé más en este ejercicio, es en el amor… en los detalles aparentemente “tontos” de la vida: en mi pequeña sobrinita, pícara y encantadora… en los hermosos momentos que pasé con mis parejas… y en los instantes en que serví a alguien y lo ayudé… me resultó asombroso darme cuenta que no me pasó por ningún instante el concepto monetario… ni pensé en carros, casas, propiedades… nada de eso.
¿Te pasaron cosas parecidas a ti cuando hiciste el ejercicio, de pura casualidad?
Recuerdo que en el libro bíblico de Proverbios, dice una cita más o menos así: “He visto que no hay nada mejor para el hombre terrestre que se regocije por el duro fruto de su trabajo, es el don de Dios”.
¿Qué es lo que te regocija a ti? Pueden ser pequeñas cosas, desde caminar en un atardecer de lluvia, en un bosque, escuchando el suave trino de los pájaros y peculiar sonido de los grillos al anochecer.
Llenarse los pulmones hondamente con el frescor y el aroma a árbol mojado y hierba…
En lo personal, pocas cosas me dan tanto deleite como despertarme temprano, caminar, y oler el delicioso aroma a fresco… escuchar aún los cantos de los pájaros, y las calles todavía pacíficas y tranquilas, antes del duro y nervioso ajetreo diario.
Y contemplar la luna en la noche, en la calle, ya casi sin gente.
Quizás disfrutar de la compañía de una amiga, llenarme de su sonrisa y del brillo de su mirada… de tener entre mis brazos a mi pequeña sobrina… ¡en fin!
Con sabiduría, Dios dijo que en verdad no podríamos entrar al reino de los cielos hasta que volviéramos a ser niños, y con profunda admiración, ahora que convivo a diario con mi sobrinos de 8 y 3 años, puedo comprender en toda su majestuosidad lo que significa esto.
Admiro de ellos su alegría eterna, de la felicidad que les trae que les obsequie una simple goma de mascar, que los cargue… admiro la seguridad en sí mismos, instintiva y natural que tienen.
Su terquedad para conseguir lo que quieren, a pesar de los intentos manipuladores de los adultos para dominarlos con un “ya no te voy a querer”, “eres malo”, “mira como te ve la gente”, “ pareces niña”, “si te comportas te compro esto”… me pregunto cuantos de nosotros nos quedamos inconscientemente con esas manipulaciones desde niños.
Los niños no entienden el concepto del rencor. Puedes insultarlos y pelear con ellos, pero al rato están como si nada. Y no fingen.
Es que así es la naturaleza de un niño.
Y tienen una capacidad inagotable para jugar y hacer cosas… ¡y ser felices!
Reflexioné, que toda mi lucha interior… ¡está enfocada a volver a ser niño!
¡Tener la alegría y espontaneidad de un niño!
¡Aprender a perdonar y olvidar como un niño!
¡Tener la terquedad para conseguir lo que quiero, como un niño!
Y por fin entendí aquella frase de Picasso: “A los 10 años ya pintaba como uno de los grandes del Renacimiento… ¡pero tarde otros 50 para volver a pintar como un niño!”.
Entonces, ¿Cual es el sentido de la vida? Para mí, es vivir permanentemente en el presente, disfrutando de todo, obedeciendo a los impulsos de mi corazón… y haciendo lo que me hace más feliz, en cada momento.
Ya sea en mi trabajo, en el amor… ¡todo lo que esté haciendo en todo momento y a cualquier hora! Así sea mientras viajo en metro.
Sabes? Quizás hoy yo debería estar muerto. Si.
Hace 3 días caminaba por la esquina de mi casa, distraído, pensando en un display que acababa de ver anunciando libros con descuento –mi golosina favorita- cuando caminé como un autómata hacia el otro lado de la calle…
Sin fijarme en que la luz del semáforo estaba en siga, y una auto corría a toda velocidad, para poder evitar la luz roja del semáforo…
Como en sueños, recuerdo la voz de un hombre que se encontraba en la esquina con su pareja, diciéndome...
¡Cuidado!
Esa voz me despertó abruptamente de mis divagaciones, me detuve, y cuando reaccioné, me encontraba a mitad de la calle, justo en el momento en que el auto pasó a milímetros adelante de mí… no se detuvo.
Solo escuché el zoooom y vi apenas una imagen difusa del coche de lo rápido que pasaba, al más puro estilo de la película “Matrix” ¡en serio!
Si yo hubiera seguido caminando, seguramente me hubiera alcanzado… y a la velocidad que iba, seguramente estaría, o muerto, o paralítico, o en estado de coma, o todo en vendas al estilo “momia de Guanajuato”.
Ya ni siquiera hubiera podido escribir esta actualización del sitio, hoy Domingo 24 de agosto.
Ya después de la experiencia me pregunté ¿Cuántas cosas inconclusas hubiera dejado de mi vida sin hacer? ¿Cuántas personas que quiero y amo nunca se los expresé? ¿Cuántas personas que me aman, o amaron nunca me lo dijeron y yo jamás lo sabría?
La verdad, yo me considero muerto, estoy viviendo extra… fue providencial que la voz de ese hombre me despertara de mi “sueño”.
Me salvó la vida.
Y como estoy viviendo tiempo “extra”, aún tengo menos miedo a intentar cosas que antes.
Y más disposición para amar y ser feliz. Tengo muchos sueños por cumplir y espero que tú también los tengas.
Me despido.
AYER ME PREGUNTÉ
Ayer me pregunté que tanto he vivido... como es que olvide lo importante que es vivir. Y hoy me di cuenta de que no he vivido lo suficiente... Que no ha bastado todo lo que he vivido... para darme cuenta de todo lo que he sufrido. Que me he olvidado de todo aquello que en este momento es mi prioridad... Que aun no he sabido vivir... que no se vivir. Que me he ocupado tanto por cosas sin importancia, como cuando me preocupe por nada, como cuando no supe valorar muchos momentos importantes en mi vida y que no he sabido atraparlos en mi memoria. Que recuerdo mas la ultima vez que lloré; que cuando reí, Y ahora solo se que en algún momento deje que mi vida se esfumara... que estoy dejando poco a poco se vaya extinguiendo y sin yo saberlo. Me he vuelto tan insegura acaso ?????????
Ahora no se en donde estoy o que debo hacer, tengo tantas cosas y no son tan importantes vivo y no lo siento.
Me he dado cuenta que me he perdido de sentir; por no sufrir que me he perdido de reír; por no llorar, sin darme cuenta de que al sonreír puedo ser feliz. No me he sabido valorar lo suficiente, como para darme cuenta de que puedo hacer mucho por los demás empezando por mi y tener la plena satisfacción de que soy un ser útil, que puedo si me lo propongo y si así lo quiero puedo hacer maravillas por mi. Tuve la oportunidad de agradecer a todos aquellos con los que he compartido momentos y no lo he hecho... creo es el momento idóneo de hacerlo. Reflexionando pido gracias a Dios por prestarme un cachito de vida, por regalarme a este mundo en el cual vivo, a mi familia por estar siempre a mi lado; a mis amigos por estar aun cuando no los necesito, a esa persona a la que quiero y amo tanto y que no lo sabe...
Gracias por existir , y por dejarme existir en sus vidas hoy me di cuenta que no es tarde, que aun puedo cambiar y ser mejor que el tiempo de vida no ha sido suficiente como para aprender a vivir y apreciar lo hermoso de esta vida y que hoy tengo la oportunidad de ser y sentir.
Que hoy puedo empezar nuevamente a vivir...
¿VALE LA PENA SACRIFICAR
LA SEGURIDAD POR LA FELICIDAD?
¿Vale la pena sacrificar la seguridad por la felicidad?
¿Sabes? He visto mucha gente cerca de mi en los últimos días, personas que tienen que elegir entre el confort, entre el “pan duro pero seguro” y entre atreverse a buscar sus sueños.
Entre arriesgarse y buscar la posibilidad de encontrar algo mejor.
Yo me incluyo entre esas personas que alguna vez en su vida han elegido el pan duro pero seguro, antes de intentar arriesgarse en caminos no asfaltados, en selvas desconocidas.
Y hay momentos en que la vida te escupe, que te aleja salvajemente del camino seguro y sin emociones que habías tomado y te obliga a que vayas por tus sueños.
Es cuando de repente te despiden de un trabajo, cuando tú te esforzaste en dar lo mejor de ti, pero a tus jefes no se los pareció e increíblemente, te das cuenta que te espera un mejor trabajo o una emocionante aventura de negocios.
Es cuando yo agradezco a Dios que, en su infinita sabiduría, no me deje lograr siempre lo que me propongo.
Viendo mi vida en retrospectiva, no lograr lo que anhelaba, a resultado en que tome caminos que me han dado enorme satisfacción y felicidad, que de otra forma no hubiera tomado.
Bueno, yo creo que saber si estás haciendo lo correcto con tu vida o no es muy simple:
¿En tu actual vida eres feliz o no?
yo se que siempre el asunto económico es algo que preocupa... pero ¿De que te sirve la seguridad económica si no eres feliz?¿Si no puedes ir a la cama cada noche, con el corazón feliz y el alma tranquila?
¿Esperas con ansias el día siguiente o no?
Si la mayoría de las respuestas no son positivas, necesitas hacer un cambio en tu vida, y yo creo que vas en el camino correcto si deseas intentar algo nuevo.
Pienso que la incertidumbre es la sal y la emoción de la vida... la posibilidad de no lograr lo que te propones, hace una tensión rica, que hace que te motives y te esfuerces al máximo ¡y vivas feliz y emocionado día a día!
Yo siempre creo que es una bendición no lograr siempre lo que quieres, porque tal parece que el destino te obliga a buscar otros caminos, en los que tienes mayores recompensas, caminos que de otra forma no hubieras tomado.
La necesidad y la insatisfacción son los móviles que hacen que hagas cosas diferentes... para que para tu sorpresa ... ¡te des cuenta de que era lo mejor!
Por experiencia es lo que me ha pasado, y ahora considero una bendición los fracasos y los momentos difíciles que pasé.
Porque me llevaron a caminos diferentes que me han hecho conocer cosas nuevas y me han hecho muy feliz.
¡¡¡Mucha suerte!!!
Y si te sucede lo que ahora te está sucediendo... es porque te viene algo prometedor y el universo te está obligando a que vayas a un nuevo camino de aventuras y felicidad. Sinceramente...
¿Tu crees que vas a estar peor de lo que estás ahora?
Yo no lo creo.
Y ya en meses me estarás contando que no tenías nada que temer, que te esta yendo de maravilla, y que no entendiste porque tanta preocupación.
Estoy seguro que eso va pasar y si no guarda este artículo y velo dentro de unos meses.

Tú eliges estar triste o vivir con alegría
A veces la vida es dura, pero si la sentimos cruel quizás debiéramos mirar nuestro interior. Tenemos sobrada capacidad para ser fuertes, reponernos y decidir ser felices a pesar de todo.
Yo decido ser feliz, tú también puedes hacerlo.
Piensa que lo único que NADIE te puede quitar es la libertad de tus pensamientos y sentimientos. Te pueden controlar todo, menos tu manera de pensar o de ver las cosas.
- Eso es algo que sólo te pertenece a ti.
- En ti está el poder elegir como quieres estar.
Es necesario enfrentarse a los miedos, con una realidad que muchas veces no tiene nada de bonito, pero al hacerlo eso nos ayuda a definir cual será la respuesta que demos antes la situación.
Sólo tú sabes cual será la respuesta a todos tus miedos. Pero hay algo que está a tu favor: que TODO depende de ti, tú sabes como resolver la situación, sólo tú.
En la vida se pasa por muchas situaciones de dolor, de buenas y malas experiencias, ausencias de los que amamos y que hoy ya no están a nuestro lado. Muchas son las lágrimas que se derramaron o que aún brotan. Humillaciones y sufrimientos habremos pasado por la vida, pero a pesar de todo lo negro que sea vea el panorama, la DECISIÓN es tuya, puedes cambiar tu entorno y pintarlo con los colores que desees.
Tú decides, la elección es tuya. Si sólo ves un mundo frío y gris, es porque tú quieres que sea así.
Cambiar depende de ti, nadie puede vivir la vida por ti -tenemos libertad de pensamiento, libertad para hacer o dejar lo que nos viene mal.
Es nuestro tiempo, es nuestro mundo, no vivas una vida que no quieres, DECIDE. No caigas en los errores de aquellas personas que nunca nada cambian, puede que algunas cosas en la vida nunca cambien, pero tú puedes hacerlo, PUEDES SI QUIERES.
Si por alguna razón estás viviendo alguna pena, tristeza o frustración, ¡tú puedes decidir cómo reaccionar ante eso que te ocurre!
Si quieres, hoy mismo puedes sentir celos, ira, hostilidad, miedo, culpa, preocupación, vergüenza o resentimiento. Todo esto lo puedes sentir si así lo decides. O TAMBIÉN puedes sentir tranquilidad, esperanza, fe, amor, alegría y otros tantos sentimientos que te den estabilidad cuando decidas pensar en forma optimista y positiva.
Date cuenta de que lo que te sucede no es lo que te afecta: es el cómo reaccionas ante esas situaciones…
Durante los próximos días ten esto en tu mente, y repítete ante el espejo que sólo DEPENDE de ti decidir cómo sentirte, porque cuando tienes la capacidad de ELEGIR, también puedes enfrentar tus problemas. Dentro de ti están las soluciones.
DECIDE ser feliz, te lo mereces, no dejes que nadie te robe tus sueños y felicidad. Sólo tú puedes escoger como será tu vida. Te pueden ayudar, pero TÚ DIRIGE TU PROPIA VIDA.
La felicidad está dentro de ti. Tienes capacidad de ELEGIR. Alguien como tú es capaz de esto y mucho más... SE FELIZ.
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CUANDO EMPEZAMOS A MADURAR…
Es común cuestionarse cuándo es que empezamos a madurar, y no es una cuestión de edad. Se puede ser muy joven y a la vez tener una madurez extraordinaria, también hay personas mayores que nunca maduran, viven la vida como niños y se visten como tales. Personas que hacen de su vida una fiesta, no tienen propósitos. Ni planes de vida. Por eso la madurez no es un estado mental, es una actitud, no es cuestión de edad, es de tener sentido común ante la vida.
Siempre está esa pregunta “¿Tengo la suficiente madurez?”. Quien podría decir nada de tus pensamientos, sólo los conoces tú; peroal hacerte la pregunta ya estás empezando a tomar conciencia de que es la madurez en nuestras vidas. ESTÁS CRECIENDO.
Hay personas muy jóvenes que tienen muchos planes de vida, que saben qué hacer, qué harán y cómo será su vida más adelante. Son personas con propósitos, hacen que su mente empiece a pensar más en los pasos que dan y ya no se siente tan desvalidas, al contrario sienten que tienen el mundo en sus manos porque ya saben donde va.
Hay otros tipos de personas, que por más años que tengan siempre están desconformes, aburridos, no saben qué hacer, no hacen nada por cambiar sus vida ni tratan de darle solución, siempre están a la espera que otras personas lo hagan por ellas.
Podríamos decir que en este campo de la madurez cada persona sabe hasta qué grado lo tiene.
Sabemos que hemos madurado cuando podemos mirar atrás con arrepentimiento, no para lamentarnos sino para corregir los errores del pasado
¿Cuando reconozco que he madurado?
- Cuando ya no espero nada de mi pareja, cuando de tanto defraudarme ya no voy en su busca, ya no voy detrás suyo y pienso detenidamente que no vale mi desgaste emocional por quien no sabe apreciarme.
- Sé que estoy madurando cuando veo que ya puedo caminar sin muletas, quesoy capaz de enfrentar la vida sin miedos porque los he podido superar.
Ya no le temo a la vida. Es y será como yo quiero que sea.
- Maduro cuando a pesar del dolor que me ha causado la muerte de lo más querido, me vuelvo a levantar y ya no lloro, sino que su recuerdo es comparado a un campo de rosas de paz y tranquilidad, cuando su recuerdo me produce sensación de bienestar, porque aunque se que ya nunca más le vuelva a ver, lo tuve en mi vida y lo amé tamo que ese amor durará hasta el último día de mi vida. Acepto su partida y me resigno que la vida es así… nadie lo puede cambiar.
- Cuando voy de compras y ya no gasto en nada que no sea lo que realmente me gusta, mejor una buena prenda que 10 que dejaré tiradas en mi armario durmiendo por años quizás. Cuando le tomo el valor al dinero, cuando ya no derrocho ni despilfarro sé que voy creciendo como persona.
- Maduro cuando veo las injusticias, los malos tratos, cuando las mujeres sufren por alguien que no vale la pena y quiero correr y decir que basta, que todo eso pasará, que mañana será otro día en el que podrá volver una nueva luz en su camino. Me hacen madurar, y mucho, el sufrimiento ajeno porque me doy cuenta que vivo en una sociedad y debo integrarme.
- Cuando en mi trabajo ya me pongo en mi nivel y le puedo decir a mi jefa/eque es un abusivo conmigo, que me trata mal, que no es justo que me haga la vida imposible; aun con miedo de perder mi trabajo, pero lo digo con mucha delicadeza porque sé que estoy en una situación delicada y ella vive buscando donde no hay. Ya no le temo a nada.
- Maduro en cada golpe que la vida me da.
Maduro si pese a los golpes que recibo, no permito que ello me haga una persona dura y fría, y me convierte en una persona que da amor, que va ayudando a quien lo necesita, dando palabras de aliento a quien se me acerca. No me quedo pegado en ese dolor, salgo adelante y crezco como persona.
- He madurado cuando he aprendido a no sentir obligación a ir con mis amigos cuando me invitan a salir, sin temor a que se molesten por ello o a lo que piensen de mí.
- Cuando digo NO al que me deja y me toma cuando quiere, haciéndome daño. Ya no acepto cosas de segunda mano, ni pedacitos de felicidad. No merezco eso, y mientras más vivo más exigente soy respecto a mis relaciones. Aun con el corazón destrozado digo NO, porque no quiero esa vida para mí, he crecido en mi autoestima.
Me ha costado mucho ser como soy ahora y no quiero volver a ser quien era antes.
Voy madurando paso a paso, llorando y riendo, pero a la vez voy aprendiendo que toda la gente somos personas especiales y nadie nos puede cambiar. Pero si en mí está, yo si puedo cambiar, crecer tanto en edad como emocionalmente y aun así seguir sonriendo a la vida, porque vivo con la esperanza de que un día a todas las personas se nos ablandará el corazón y vamos decir:
Soy una persona madura que puede dar y ofrecer amor. Ahora la vida la veo desde otra perspectiva, sólo importa una persona para toda la vida y no diez. La vida es de dos, y no hace falta más.
Habré madurado cuando me levante y sonría mirando la vida con optimismo a pesar de haber llorado toda la noche. Porque envejecer es una obligación y madurar es opcional. Me decido por madurar para poder mirar a mi alrededor y descubrir qué es lo que más me hace feliz. Hoy sólo busco vivir en completa paz y felicidad, para dar a los que me rodean el mismo nivel de afecto.
La madurez es una bella etapa, es cuando más segura te sientes de lo que haces y no necesitas explicarlo, la gente con sólo mirarte ya lo sabe, y sin saber cómo, les inspiras confianza. Siempre habrá personas que se acerquen a ti. Eres como un vaso de agua en pleno desierto. Muchas personas necesitan de ti… ¡Que grande y maravillosa eres!
LA ENVIDIA
La envidia es muy nociva para nuestras vidas, perjudica nuestras vidas haciendo constantes comparaciones con otras personas. La envidia no es sana. Si la persona a la que se le envidia tiene éxito o le va muy bien en su vida personal deseamos todo cuanto ella tiene…
La envidia entra por nuestra inseguridad ante lo que hacemos, necesitamos la aprobación de todos, estamos siempre queriendo hacer más cosas de las que podemos, y eso en un momento puede llegar a ser terriblemente agotador. Las personas que sufren este mal, quizás lo hacen sin querer o sin darse cuenta, pero debe ser algo muy terrible de vivir pues se sufre, se cae en la hipocresía, se dicen cosas desagradables, y finalmente nos vuelve en personas destructivas.
Siempre que conoces una persona envidiosa seguro que te hará sufrir, pero es allí donde debemos saber manejar este sentimiento tan destructivo…
Recuerda que la envidia es es el miedo a no ser aceptado por nuestro entorno, es “inseguridad total en nosotros mismos”. Hay que tratar de controlar tal resentimiento porque sólo traerá soledad a nuestras vidas…
Para poder lidiar con este sentimiento de frustración, recuerda que todos los seres humanos somos débiles, que todos tenemos algunos talentos que Dios nos regaló, y está en nosotras descubrir cuales son.
La envidia sólo nos traerá problemas, es difícil reconocer que “soy muy envidiosa” pero piensa en tu yo interno si lo eres o no. Trata de controlar la envidia, es como lo más parecido a los celos…
Agradezcamos cada día por lo que tenemos y carecemos.Tratemos de actuar bien con los demás, esforcémonos, y no nos comparemos con nadie porque siempre sentiremos que perdemos dejando lugar a que florezca ese feo sentimiento que que es la envidia.
Busca en tu interior Haz cosas buenas y veras que muchas personas te admirarán más por tus lindas cosas que por tus feas actitudes. Sé feliz y aleja esos malos pensamientos, recuerda que siempre habrá mejores y peores personas que tú.
Nunca debemos compararnos con nadie, entender que somosúnicos, e irrepetibles, TODOS hijos de Dios y tenemos que estar conformes con lo que hemos logrado, con los talentos que ÉL nos ha dado, brillemos o no, debemos estar felices disfrutando de este festín llamado VIDA, algunas veces nuestro estado de ánimo no es bueno y no podemos VER las maravillas que nos rodean, no tenemos capacidad para contar nuestras bendiciones, que realmente son muchas.
Pero podemos pedir a Dios el Milagro de que sane nuestra alma, que sepamos darle gracias por todo lo que nos permite tener y sobre todo que aprendamos a saber agradecer también lo que tienen los demás, entonces sí conoceremos lo que es vivir en paz, y con plenitud total.
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COMO….DI,,,,DAD…..
Un día, un hombre sabio y piadoso clamó al cielo por una respuesta. El hombre aquel encabezaba un grupo de misioneros que oraban por la paz del mundo, para lograr que las fronteras no existieran y que toda la gente viviera feliz. La pregunta que hacían era: ¿Cuál es la clave, Señor, para que el mundo viva en armonía? Entonces, los cielos se abrieron y después de un magnifico estruendo, la voz de Dios les dijo: Comodidad Todos los misioneros se veían entre si, sorprendidos y extrañados de escuchar tal término de la propia voz de Dios. El hombre sabio y piadoso preguntó de nuevo: ¿Comodidad Señor? ¿Qué quieres decir con eso? Dios respondió: La clave para un mundo pleno es: Como di, dad. Es decir, así como yo les di, dad vosotros a vuestro prójimo. Como di, dad vosotros fe; como di, dad vosotros esperanza; como di, dad vosotros caridad; como di, sin limites, sin pensar en nada mas que dar, dad vosotros al mundo... y el mundo, será un paraíso. Sigamos la clave de COMO DI, DAD…..
CORAZON DE ..
Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros. Pero de pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado... El caso es que los colores erais irisados, deslumbradores, centelleantes, como el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo. Después de sesudas investigaciones sobre la causa de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el mismo corazón (porque también las cebollas tienen su propio corazón), un piedra preciosa. Esta tenía un topacio, la otra un aguamarina, aquella un lapizlázuli, de las más allá una esmeralda ... ¡Una verdadera maravilla!
Pero por una incomprensible razón razón se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular cómo eran por dentro. Hasta que empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.
Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarlas una por una - ¿Por qué no eres como eres por dentro? Y ellas le iban respondiendo: -Me obligaron a ser así... -Me fueron poniendo capas... incluso yo me puse algunas para que no me dijeran.... Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas. Y al final el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente lo vio llorando, pensó que llorar ante las cebollas era propio de personas muy inteligentes. Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón. Y así será hasta el fin del mundo.
TU PUEDES HACER LA DIFERNCIA..
Esto es posible que te erizará la piel, te hará llorar o te dejará frío pero te pone la vida en perspectiva.
En una cena de recaudación de fondos para una escuela que da servicios a los niños con algún tipo de impedimento o problema de aprendizaje, el padre de uno de ellos ofrecería un mensaje que ninguno de los asistentes olvidaría.
Luego de exaltar a la escuela y a su dedicado personal, hizo una pregunta: Todo lo que hace Dios, lo hace a la perfección. Sin embargo, mi hijo Juan no puede aprender de la misma manera que aprenden otros niños.
No puede entender las cosas como otros niños.
¿Dónde esta el plan de Dios reflejado en mi hijo?.
La audiencia se paralizó ante tal pregunta.
El padre continuó. Creo, contesto el propio padre, que cuando Dios trae a un hijo como Juan al mundo, la oportunidad para llevar a cabo el Plan Divino se presenta por sí sola y viene en la forma en que la gente trata a ese niño. Entonces, procedió a contar la siguiente historia.
Un día Juan y su padre pasaban por un parque donde jugaban pelota unos niños que Juan conocía. Éste le preguntó a su padre, ¿crees que me dejarán jugar?
El padre sabía que los muchachos no querrían tenerlo en su equipo. Pero el padre comprendió que si a su hijo se le permitía jugar le daría un gran sentido de aceptación. El padre de Juan se acercó a uno de los muchachos en el campo de juego y le preguntó que si podía permitir que Juan jugara.
El muchacho miró a su alrededor para orientarse con sus compañeros de equipo y no obtuvo respuesta.
Entonces tomó el asunto en sus propias manos y dijo "Estamos perdiendo por seis carreras y el juego está en la octava entrada. Creo que puede entrar al equipo y trataremos de ponerlo al bate en la novena.
Al final de la octava entrada, el equipo anotó varias carreras, pero estaba perdiendo por tres. En la primera parte de la novena entrada, Juan se puso el guante y jugó en el "outfield". Aunque ningún "hit" vino en su camino, obviamente, este se sentía extasiado por tan sólo estar en el terreno de juego, saludando con una sonrisa de oreja a oreja a su padre quien le saludaba desde las gradas.
En la última parte de la novena entrada, el equipo de Juan anotó nuevamente. Ahora con dos "outs" y las bases llenas, la potencial carrera ganadora estaba en base. Juan estaba pautado para el próximo turno al bate.
¿Permitiría verdaderamente el equipo que Juan bateara en esta coyuntura y permitiría dejar pasar su oportunidad de ganar el juego?
Sorpresivamente le dieron el bate a Juan. Todos sabían que un "hit" era imposible porque Juan ni tan siquiera sabía como agarrar el bate de forma apropiada, mucho menos conectar con la bola. Sin embargo, según Shay se paró en el plato, el "pitcher" se movió varios pasos y le lanzó suavemente la bola a Juan de manera que este, por lo menos, hiciera contacto con la misma.
Llegó el "pitcheo" y Juan tontamente lo perdió. Otra vez el "pitcher" caminó unos pasos para lanzar suavemente la bola hacia Juan. Juan logró darle suavemente a la bola enviándola al "pitcher". Fácilmente el pitcher" atrapo la misma y pudo haberla lanzado al primer hombre en base. Juan quedaría afuera y eso hubiese
terminado el juego.
Pero, en lugar de eso, el "pitcher" la lanzó en un alto arco al jardín de la derecha, mucho más lejos del alcance del hombre en primera.
Todos comenzaron a gritar, "Juan, corre a primera, corre a primera."
Nunca en su vida Juan podría correr a primera. El torpemente corrió a lo largo de la línea de la base con ojos desorbitados y confuso.
Todo el mundo gritó: "Corre a segunda, corre a segunda." Para el momento en que Juan estaba rodando la primera base, el jardinero de la derecha tenía la pelota. La pudo haber lanzado al hombre en segunda, pero el jardinero entendió las intenciones que había tenido el "pitcher, así que lanzó la bola alto y por encima de la cabeza del hombre en base. Juan corrió hacia la segunda base. Cuando Juan logro llegar a segunda, el "shortstop" del equipo opuesto corrió hacia él y lo dirigió a tercera y le gritó: "corre a tercera."
Según corría a tercera los muchachos de ambos equipos estaban gritando. Juan corre a "home". Juan corrió al "home", llegó y fue vitoreado como el héroe.
"Ese día," dijo el padre suavemente con lágrimas corriendo por sus mejillas, "los muchachos de ambos equipos ayudaron a colocar un pedazo del Plan Divino en este mundo." Y Juan, no logró dormir en toda la noche de la emoción que aún sentía....
Y ahora una nota de alcance en esta historia. Todos enviamos miles de mensajes, chistes, etc. a través de nuestros correos electrónicos, pero cuando se trata de este tipo, de lo que se debe escoger en la vida, la gente lo piensa dos veces. Lo crudo, lo vulgar y, a veces, lo obsceno pasa libremente a través del intraespacio, pero la discusión pública de la decencia es demasiado frecuentemente suprimida en la escuela y en el lugar de trabajo.
Si estas pensando enviar este mensaje a otras personas, probablemente estarás pensando sobre personas de tu lista de envió a quienes no sería "apropiado" enviar este tipo de mensaje.
La persona que te envió este mensaje piensa que todos podemos hacer la diferencia.
Nosotros tenemos decenas de oportunidades al día para ayudar a cumplir el plan de Dios.
Existen muchas interacciones triviales entre persona que nos presentan una oportunidad de pasar una chispa del amor divino que Dios nos ofrece cada día. ¿Obviamos esa oportunidad permitimos que el mundo sea único más frío en el proceso?.....

CREO EN ADAS….
Pasan los años creo que el buen amor, el que se siente de corazón se acrecienta y no existe muralla que no derribe. En un bosque encantado, vivían tanto hadas como duendes. Cada uno se dedicaba a lo suyo. Los duendes en proteger a las personas, tanto cuando ingresaban a él, como cuando estaban en sus casas. Las hadas por su parte endulzaban el aire con sus bellas canciones, y revoloteos brillantes sobre las flores y los árboles. También estaban las hadas y duendes malos, que hacían conjuros para hacer el mal cuando eran invocados por personas que así lo quisieran. Un día el Hada Moira (que era de las buenas), revoloteaba entre las flores y los árboles; ella no sabía que Krull (duende malo) la estaba espiando desde la base de un Roble; y que había quedado embelezado al verla. Los duendes malos tenían prohibido acercarse, a las hadas buenas. Krull intentó e intentó, pero su corazón latía cada vez con más fuerza al verla. Ya se estaba por irse Moira, cuando Krull le silvó desde abajo del árbol. Hola soy Krull, ¿y tú?, ella al verlo se asustó; pero sintió dentro suyo algo especial. Le contestó: “soy Moira”. El le pidió que bajara a la base del árbol, Moira recordó que no estaba permitido hacerlo. Pero igualmente, se acercó a él. Fue amor a primera vista, ellos no lo podían creer. Estuvieron abrazados, por largo tiempo charlando como si se conocieran de otra vida. De pronto a lo lejos un rayo cayó sobre ellos, fue la Reina de las Hadas malas era algo que no podía permitir. Ambos murieron abrazados, y con el tiempo al pie del Roble crecieron dos pequeños robles entrelazados. De ambos lados se comentaba, que todos los años el mismo día de su muerte, los robles brillaban y emitían murmullos con palabras de amor.
LOS CUATROS MOÑOS…
"Una profesora universitaria inició un nuevo proyecto entre sus alumnos. A cada uno le dio cuatro moños de color amarillo, todos con la leyenda: "Eres importante para mí"; y les pidió que se pusieran uno. Cuando todos lo hicieron, les dijo que eso era lo que ella esperaba de ellos. Luego les explicó de qué se trataba el experimento: tenían que darle un moño a alguna persona que les resultara importante, explicándoles el motivo y dándoles los otros moños para que ellos hicieran lo mismo. El resultado esperado era ver cuánto podía influir en las personas ese pequeño detalle. Todos salieron de esa clase platicando a quién darían sus moños; algunos mencionaban a sus padres, otros a sus hermanos o a sus novios. Pero entre aquellos estudiantes, había uno que estaba lejos de casa. Este muchacho había conseguido una beca para esa universidad y al estar lejos de su hogar, no podía darle ese moño a sus padres o sus hermanos. Pasó toda la noche pensando a quién daría ese moño, pero al otro día, muy temprano, tuvo la respuesta. Tenía un amigo, un joven profesional que lo había orientado para elegir su carrera y muchas veces lo asesoraba cuando las cosas no iban tan bien como él esperaba. ¡Esa era la solución! Saliendo de clases se dirigió al edificio donde su amigo trabajaba y en la recepción pidió verlo. A su amigo le extrañó, ya que el muchacho lo iba a ver después de que él salía de trabajar, por lo que pensó que algo malo estaba sucediendo. Cuando lo vio en la entrada, sintió alivio de que todo estuviera bien, pero a la vez le extrañaba el motivo de su visita. El estudiante le explicó el propósito y le entregó tres moños, le pidió que se pusiera uno y le dijo que al estar lejos de casa, él era el más indicado para portarlo; el joven ejecutivo se sintió halagado, no recibía ese tipo de reconocimientos muy a menudo y prometió a su amigo que seguiría con el experimento y le informaría de los resultados. El joven ejecutivo regresó a sus labores y ya casi a la hora de la salida, se le ocurrió una arriesgada idea: le quería entregar los dos moños restantes a su jefe. El jefe era una persona huraña y siempre muy atareada, por lo que tuvo que esperar a que estuviera "desocupado". Cuando consiguió verlo, su jefe estaba inmerso en la lectura de los nuevos proyectos de su departamento, la oficina estaba repleta de reconocimientos y papeles. El jefe sólo gruñó: -"¿Qué desea?" El joven ejecutivo le explicó tímidamente el propósito de su visita y le mostró los dos moños. El jefe, asombrado, le preguntó: -"¿Por qué cree usted que soy el más indicado para tener ese moño?“ El joven ejecutivo le respondió que él lo admiraba por su capacidad y entusiasmo en los negocios, además que de él había aprendido bastante y estaba orgulloso de estar bajo su mando. El jefe titubeó, pero recibió con agrado los dos moños, no muy a menudo se escuchan esas palabras con sinceridad, estando en el puesto en el que él se encontraba. El joven ejecutivo se despidió cortésmente del jefe y, como ya era la hora de salida, se fue a su casa. El jefe, acostumbrado a estar en la oficina hasta altas horas, esta vez se fue temprano a su casa. En la solapa llevaba uno de los moños y el otro lo guardó en el bolsillo de su camisa. Se fue reflexionando, mientras manejaba rumbo a su casa. Su esposa se extrañó de verlo tan temprano y pensó que algo le había pasado; cuando le preguntó si sucedía algo anormal, él respondió que no pasaba nada, que ese día quería estar con su familia. Ella se extrañó, ya que su esposo acostumbraba llegar de mal humor. El jefe preguntó: -"¿Dónde está nuestro hijo?" -La esposa lo llamó, ya que estaba en el piso superior de la casa. El hijo bajó y el padre sólo le dijo: -"¡Acompáñame!” Ante la mirada extrañada de la esposa y del hijo, ambos salieron de la casa (el jefe era un hombre que no acostumbraba gastar su "valioso tiempo" con la familia). Ambos se sentaron en el porche de la casa. El padre miró a su hijo, quien a su vez lo observaba extrañado. Le empezó a decir que sabía que no era un buen padre, que muchas veces se perdió de aquellos momentos que sabía eran trascendentales. Y luego le expresó que había decidido cambiar, que quería pasar más tiempo con ellos, ya que su madre y él eran lo más importante que tenía. También le mencionó lo de los moños y su joven ejecutivo. Le dijo que lo había pensado mucho, pero quería darle el último moño a él, pues era lo más sagrado en su vida; que el día que nació, fue el más feliz de su existencia y que estaba muy orgulloso. Todo esto, mientras le prendía el moño que decía: "Eres importante para mí". El hijo, con lágrimas en los ojos, le dijo: -"Papá, no se qué decir... pensaba suicidarme porque creía que no te importaba. Te quiero papá, perdóname....“ Ambos lloraron y se abrazaron; el experimento de la profesora había dado un buen resultado, había logrado cambiar no una, sino varias vidas, con sólo expresar lo que sentían. Ése es el poder de uno. Expresar lo que sientes y darle valor a los detalles de la gente que te ama. Por eso, tú para mí… ¡ERES MUY IMPORTANTE! Yo te escogí a tí!... Adivina por qué... PORQUE ERES MUY IMPORTANTE PARA MÍ. Recuérdalo siempre. Recibe un fuerte abrazo.
DAR O RECIBIR..
Decía Séneca que el mundo se compone de los que dan y los que reciben. Y que quizá los que reciben coman mejor, pero los que dan duermen mejor. Es evidente que en un momento u otro de nuestra vida todos hemos recibido, sea dinero por nuestros servicios, o cariño, satisfacciones, disgustos, etc. Pero, ¿nos hemos detenido a pensar en cómo recibimos? Hay quien recibe obligando a quien le da, hay quien recibe con desprecio o hay quien lo hace con generosidad. Ésta es precisamente la cualidad que nos ha de guiar cuando demos en lugar de recibir. Todos, en un momento u otro, hemos dado. En distintas ocasiones y por diferentes motivos, unos más y otros menos. Hemos dado amor, comprensión, consuelo, paciencia, favores, resignación, disgustos, trabajo, etc. ¿Has sentido satisfacción cuando has dado, sin esperar nada a cambio? La generosidad provoca satisfacción, practícala.
LOS TRIUNFADORES A veces los triunfadores no son aquellos a los que todo el mundo aplaude y reconoce. No son los que construyeron grandes obras, dejaron constancia de su liderazgo o viajaron, en primera clase. A veces los triunfadores no son los administradores geniales, ni los visionarios del futuro o los grandes emprendedores. Por ello, tal vez no los reconoceríamos en medio de tanto pensador, filósofo o tecnólogo, que supuestamente conducen a este mundo por la senda del progreso. A veces el triunfador no es el negociador internacional, o el hacedor de empresas de clase mundial o el deslumbrante estadista que asiste a reuniones cumbre. No es el que se afana por exportar mucho, sino el que todavía se importa a sí mismo. Porque el triunfador puede ser también el que calladamente lucha por la justicia, aunque no sea un gran orador o un brillante diplomático. El triunfador puede ser igualmente el que venció la ambición desmedida y no fue seducido por la vanidad o el poder. Es triunfador el que no obstante que no viajó mucho al extranjero, con frecuencia hizo travesías hacia el interior de sí mismo para dimensionar las posibilidades de su corazón. Es el que quizás nunca alzó soberbio su mano en el podium de los vencedores, pero triunfó calladamente en su familia y con sus amigos y los cercanos a su alma. Es, quizá, el que nunca apareció en las páginas de los periódicos, pero sí en el diario de Dios; el que no recibió reconocimientos, pero siempre obtuvo el de los suyos; el que nunca escribió libros, pero sí cartas de amor a sus hijos y el que pensó en redimir a su pais a través de la asfixiante aventura de su trabajo común y rutinario y aquel que prefirió la sombra, porque, finalmente, es tan importante como la luz. A veces el triunfador no es el que tiene una esplendorosa oficina, ni una secretaria ejecutiva, ni posee tres maestrías; no hace planeación estratégica ni elabora reportes o evalúa proyectos, pero su vida tiene un sentido, hace planes con su familia, tiene tiempo para sus hijos y encuentra fascinante disfrutar de la hermosa danza de la vida. A veces el triunfador no es el pasa a la historia, sino el que hace posible la historia; el que encuentra gratificante convencer y no sólo vencer y el que de una manera apacible y decidida lucha por hacer de este mundo un mejor lugar para vivir. El que sabe que aunque sólo vivirá una vez, si lo hace con maestría, con una vez le bastará. A veces el triunfador no tiene que ser el que construyó grandes andamiajes y estructuras administrativas, pero supo cómo construir un hogar; no es el que tiene un celular, pero platica con sus hijos, no tiene e-mail, pero conoce y saluda a sus vecinos, no ha ido al espacio exterior, pero es capaz de ir hacia su espacio interior y sin haber realizado grandes obras arquitectónicas, supo construirse a sí mismo y fue, como dice el poeta, el cómplice de su propio destino. A veces el triunfador suele ser Teresa de Calcuta, o Francisco de Asís o Nelson Mandela, o tal vez la enfermera callada, el obrero sencillo y el campesino olvidado, porque como personas triunfaron sobre la apatía o el desencanto y con su esfuerzo cotidiano establecieron la diferencia. A veces el triunfador puede ser el carpintero pobre de un lugar ignorado, o una mujer sencilla de pueblo o un niño humilde que nació en un pesebre, porque no había para él lugar en la posada...
LA VIRTUD DE LA PRUDENCIA La prudencia es una de esas virtudes de las que apenas se habla y que, sin embargo, resulta ser una clave en el dificilísimo arte de ordenarnos rectamente en nuestra relación con el prójimo. No nacemos prudentes, pero debemos hacernos prudentes por el ejercicio de la virtud. Y no es tarea fácil. El pensamiento puede descarriarse como se descarría la voluntad, porque está expuesto a las mismas pasiones y a los mismos condicionamientos. Pensar y bien, exige una gran atención, no sólo sobre las cosas, sino principalmente sobre nosotros mismos. Hay que saber estar atentos sobre las razones, pero mucho más sobre nuestras pasiones que son las que nos impulsan al error. Porque los hombres solemos errar por precipitación en nuestros juicios, afirmando cosas que la razón no ve claras, pero que estamos impulsados a afirmar como desahogo de nuestras pasiones. Quien no sabe controlar sus pasiones, tampoco sabrá controlar sus razones y se hace responsable moral de sus yerros. La razón es la que ha de regir nuestra conducta en la verdad y por eso la prudencia es la primera de las virtudes cardinales. Pero la verdad requiere tener sosegada el alma para conseguir tener sosegada la mente con objetivas razones.
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